- Home
- Enciclopedia de Pumas UNAM
- Hecho En C.u
Hecho En C.u
Crear artículoAntes de crear un nuevo artículo, accede al buscador y comprueba que no tengamos el artículo que intentas crear. Si no existe créalo y si ya existe puedes editarlo para añadir la información que no tenemos. ¡Gracias!
- Enciclopedia
- Artículo
- Editar
Hecho En C.u
Enviar a un amigoHECHO EN C.U: DE CÓMO LOS
PUMAS ME DEVOLVIERON LA
IDENTIDAD
Entre los muchos signos que han construido el imaginario popular sobre la Universidad, no hay ninguno
tan catártico y redentor como la celebración que eligió para sus goles el medio campista de Pumas, Jaime
Lozano: levantarse el jersey y mostrar una playera estampada con la frase: Hecho en C.U. Una celebración
más, en apariencia, entre las extravagantes formas festivas de los futbolistas: unos prefieren quitarse
los zapatos; otros, bailar, hacer como perros, darle gracias a la Virgen o saludar a la esposa; pero Jaime
Lozano decidió remarcar el hecho de que se había formado, como futbolista, en Ciudad Universitaria.
Esas eran, sin duda, las palabras que necesitaba la Universidad.
La UNAM ha estado presente en el retrato familiar de las instituciones mexicanas; significa, para el discurso
oficial, el proyecto utópico de la educación pública: la posibilidad de ser un profesionista sin importar la
condición social o económica. Paralelamente, como parte de su condición de signo capital en nuestra
sociedad, hay otros significados que se han formado alrededor de la institución: una UNAM imaginaria,
fuera del mito oficial, fuera de su entidad institucional, representada con diversas imágenes que se
han forjado en el imaginario popular; esta construcción ha sido en buena parte producto de las leyes
que rigen a los medios de comunicación y entretenimiento; una universidad que va desde la cándida
escuela rocanrolera tipo Cesar Costa, pasando por la universidad roja del 68, hasta llegar a la revoltosa
universidad reality show del 99; avatares creados a partir del código social y mediático de cada época,
connotaciones que se han asociado en diferente grados con la ideología del momento; manejo de imagen
y experiencia social que los medios de comunicación han representado según conviene.
1
En esta rueda de las transformaciones, la última ha sido, sin lugar a dudas, “la segunda época dorada”
de los Pumas de la Universidad; hecho que podría ser intrascendente en cualquier otro tiempo, pero que
en la actualidad, en el marco de la “futbolización” de la cultura global, significa algo más que un triunfo
deportivo: es la victoria simbólica y reivindicativa de una comunidad que, hace tan sólo unos cuatro años,
fue destrozada en su identidad por un problema interno que los se medios se encargaron de trasmitir
hacia toda la sociedad mexicana.
La escena nocturna del Estadio Olímpico Universitario, llena de banderas, pancartas y puños levantados,
con la Torre de Rectoría y Biblioteca Central al fondo, era una extraña mezcla de solemnidad, militarización
y nostalgia; aproximadamente 50 000 personas, en su gran mayoría estudiantes de la Universidad,
preparatorias y CCH, entonaban el Himno Deportivo Universitario; por primera vez en los últimos cinco
años se veía tal conglomerado de estudiantes fuera del espectáculo de las marchas y los escándalos. Esos
mismos elementos (masa, universidad, rectoría) fueron años atrás protagonistas de otro escenario, otra
historia construida mitad por la realidad política de la universidad, mitad por los noticieros de la televisión:
el triste espectáculo de la huelga del 99, un acontecimiento trasmitido ininterrumpidamente, vía satélite,
editado y remarcado en sus momentos más críticos y vergonzosos, hecho a la medida del escándalo
rompe- ratings que tanto gusta a la televisión posmoderna.
La construcción del sentido en la era mediática es efímera tanto en su consolidación como en su fin; la
velocidad hace imposible la objetividad cuando hablamos de estos fenómenos. Todas las evidencias sólidas
se desvanecen en lo efímero de la información, en la saturación audiovisual que yuxtapone realidades,
contrapone imágenes y convierte la realidad en una tersa esquizofrenia. Durante el desarrollo de la huelga,
a medida que el problema se fue agudizando, noticieros y supuestos “lideres de opinión” anunciaron
que la crisis de la UNAM era la muestra de que la educación pública en nuestro país había tocado fondo.
La institución fue exhibida como un decadente circo político. A la hora de la cena, cuando Mamá y Papá
disponían de la mesa, TV Azteca, Canal 40 y Televisa mostraban la barbarie, inmoralidad y cerrazón que
reinaban entre los estudiantes universitarios, reducidos metonímicamente a un grupo de punks y seudo
revolucionarios intonsos: imágenes de un hombre rayando el mural de Siqueiros, un porro golpeando
alumnos y maestros en la Facultad de Derecho, las “rastas” del Mosh, etc. Así, lo que empezó como una
lucha legítima por la educación pública, terminó en una penosa exhibición de decadencia política.
Pertenecer a la UNAM, en esa fecha, se volvió vergonzoso; fue sinónimo de irresponsabilidad, dilapidación
y cancelación del futuro. La forma en que los medios azuzaron a la opinión pública fue
la de un linchamiento mediático, una violación simbólica que se exhibió morbosamente, con el único afán
de reducir a nota roja un conflicto que ponía en evidencia la fragilidad de la educación pública, las brechas
sociales y la imposibilidad de entendernos como ciudadanos de una realidad política.
CÓMO NO TE VOY A QUERER
Por fortuna, la memoria televisiva es de muy corto plazo. Poco después del fin de la huelga, la UNAM lanzó una discreta campaña publicitaria para limpiar su buen
nombre: Orgullosamente UNAM (“sabías que la UNAM realiza tal número de doctorados, y que sus
investigadores...”), que tenían como intención explicar las virtudes ocultas de la institución. Esos tímidos
spots, cada vez mejor elaborados, fueron una débil presencia en el espacio de nuestra realidad televisiva.
Esa campaña se complementó con el protagonismo del Rector Juan Ramón de la Fuente en diferentes
notas periodísticas que mostraban cómo la escuela hacía convenios, entregaba reconocimientos, agenciaba
participaciones, exaltaba méritos, tratando en general de dar esa buena cara que había perdido frente a
los medios. Sin embargo, toda esa purificación televisiva no tendría la eficacia redentora de una final de
campeonato. Para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo.
Uno de los tantos cambios que se hicieron en la Universidad después del 99 fue la designación de Carlos
Elías Ayub como Director del Patronato Universitario del club Pumas; decididos a entrar en serio en
la competencia de la primera división, convocaron al controvertido símbolo de Pumas, Hugo Sánchez,
para ser el director técnico del equipo; y así, con patrocinadores de la talla del magnate Carlos Slim, el
periodista de Televisa Joaquín López Dóriga y Banamex, Pumas no sólo se salvó de un descenso inminente
a la segunda división, sino que logró entrar a cuartos de final y semifinales de manera constante en los
últimos cuatro años a partir de estos cambios.
Por alguna razón, el avance de Pumas fue paralelo al olvido lento de los escándalos del 99. Cada vez
el espacio televisivo se llenó más y más de fútbol, y la tragicomedia política se mudó a los Pinos y al
Gobierno del Distrito Federal. Ya para el 2004, Pumas llegó a la final contra las Chivas de Guadalajara.
Se despertó tal expectación por esos partidos, gracias a la guerra de declaraciones entre ambos equipos,
que incluso una gran cantidad de gente que usualmente no seguía el fútbol estaba pendiente de lo que
pasaría. Víctor del Real, colaborador de la revista Replicante, anotó esta impresión sobre el segundo
juego de la final Chivas-Pumas, empatada en ese momento 1-1:
Para el partido de regreso el país parecía un caldero en donde cada ciudadano,
transformado en experto, discutió hasta despeinarse acerca de la importancia de un
buen arbitraje. Las calles y fábricas, los bares, las escuelas, las oficinas y los cafés fueron
inundados por la crítica revivida de millones de mexicanos, empleados, desempleados
o subempleados, dispuestos a aguzar su mirada en cada una de las jugadas prometidas
para el siguiente domingo, como si en ello se les fuera la vida.
EL UNIFORME REDENTOR
El campeonato para Pumas, como un guión dramático, se definió en la tanda de penales. No se habló
de otra cosa en esa fecha. A fuerza de un buen equipo y de un personaje tan controvertido como Hugo
Sánchez, los Pumas despertaron una moda singular en la sociedad mexicana: de repente, las calles y los
parques de la Ciudad de México se llenaron de niños, mujeres y muchachos que vestían el jersey de los
Pumas; conductores de televisión, actores y hasta el Jefe de Gobierno del D.F. hablaban con singular
simpatía hacia el equipo. Parecía una nueva vuelta a esa Universidad cándida de los años cincuenta, donde
las rivalidades deportivas con el Politécnico eran vistas como inquietudes saludables.
